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Articulos /////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////// EDICION diciembre 2009

vivir

Oídos sordos

Me considero una persona medianamente informada, pero de cáncer de seno nunca había leído nada. No porque no tuviera información a la mano, sino porque era un tema que al parecer no existía en mi mundo. Prácticamente viví dándole la espalda, cerrándole los ojos y haciéndole oídos sordos.

 

De haber estado informada seguro me hubiesen faltado patas para correr al médico y decirle que en mi seno izquierdo, un poco más abajo del pezón, tengo un hoyuelo y que yo pensaba era de nacimiento y que recién, a estas alturas de la vida, me daba cuenta de esa deformación. Es que nunca me había parado frente al espejo con el torso desnudo, y cuando lo hice fue para buscar alguna evidencia que justificara la picazón que hace un buen tiempo me fastidiaba.

 

Obviamente no vi heridas, llagas, inflamaciones, nada que me hiciera pensar que esos hincones eran señal de algo malo.

 

Por mucho tiempo, quizás un año o tal vez más, no recuerdo, me quedé con el hoyuelo en el seno creyendo que era un defecto genético, pero las punzadas, cada vez más extrañas, me obligaron a buscar ayuda médica. Tan imbécil fue aquel que me atendió que me mandó de regreso a casa diciéndome (y tomando en cuenta mis conjeturas) que esas molestias eran, en efecto, tal como yo lo dije, producto de una reacción alérgica ocasionada por mi faringitis y rinitis, que me tomara unas pastillitas y que eso me aliviría.

 

Estuve seis meses creyendo ese cuento, pero unos hincones extraños, como si me hubieran picado con un cuchillo, fueron señales más que suficientes para no seguir cruzada de brazos. Tomé las páginas amarillas, busqué dónde hacían mamografías (¡por lo menos sabía eso!) y me apunté a la más barata. 90 soles. En tres días tenía el resultado: lesión compatible a corresponder a carcinoma. Me sentí tranquila al leer la palabra LESIÓN, para mí era más que suficiente saber que mis molestias eran producto de una lesión, tal vez de una lesión que adquirí al golpearme contra el borde de una puerta aquella noche en la que huía corriendo de mis propios miedos camino a mi habitación.

 

Asumí entonces que estaba lesionada y me imaginé que bajo mi piel mamaria había algún moratón interno sin importancia. Sin embargo, hoy sé que ser diagnosticada con LESION puede resultar grave para una mujer.

 

Ha tenido que pasarme esto para recién voltear la mirada y tomar conciencia de la enfermedad. Por eso, cuando en las campañas de cáncer de seno veo a mujeres esquivando el tema, haciendo de lado los folletos y revistas que se les alcanza, digo para mis adentros, bastante frustrada, “ya quisiera verte igual de campante si la enfermedad llegara a tocarte”.

 

Cuando supe que tenía cáncer me convertí en una suerte de “piraña” , devoraba toda información que dijera “cáncer de seno”. Ya me hubiese gustado tener esa actitud mucho antes del diagnóstico, pero informarme ahora me ayuda también a procesar mi mal, aunque también me causa enormes sustos porque con tanta información en mano puedo sacar mis propias conclusiones y a veces esas conclusiones son bastante malas. “Para qué lees cosas que no entiendes”, me dijo alguna vez mi doctora cuando quise contrastar mi lectura devastadora con el pronóstico alentador que ella siempre me dio.

 

Ella tiene y no tiene razón. Informarse es bueno para tener elementos con el cual hacerle frente al mal, pero también para plantearle argumentos sostenidos a fin de conseguir una adecuada atención.

 

 

GALERIA PUKAPANTY-LA CANDELARIA

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