Ministra brasileña relata su doble experiencia con el cáncer de mama







“¿No voy a morir, no?”. Esta pregunta la formuló la ministra brasilera Helena Chagas (51) a su médico cuando le extirparon por segunda vez un tumor canceroso en el seno. La ministra de la Secretaria de Comunicación Social de la Presidencia de La República de Brasil, aprendió con esta enfermedad que las mujeres, los oncólogos y el gobierno necesitan trabajar juntos para derrotar el cáncer de seno.

Gracias a su posición política, pero sobre todo a su profesión de periodista, la ministra Chagas escribió de puño y letra este testimonio que deja en evidencia la necesidad de detectar precozmente el cáncer de mama para tener mejores esperanzas de vida.

“Desde pequeña la gente escucha decir que el rayo nunca cae dos veces en el mismo lugar. No es verdad. Por lo menos esa es la sensación que tuve cuando descubrí el cáncer por segunda vez, com las mismas características de la primera, sin ningún síntoma ni anuncio previo. Es como otro rayo que, quien sabe porqué,  decidió volver a caerme en la cabeza. Diecinueve años después, un recuerdo de mal gusto, en el que no pensaba más,  y  consideraba totalmente curado,  volvió. Pero la vida es así: un día te despiertas, como siempre, genial, sana y bien preparada, y un  par de horas más tarde descubres que tienes cáncer. Por mucho que pueda parecer una locura,  me acordé de lo que mi analista  me dijo aquella primera vez , cuando yo tenía 31 años y fui a pedir ayuda a Freud  para recuperarme de la cirugía: "Que bueno que usted descubrió ese cáncer".  Asociar el  tumor con una buena noticia puede parecer un contrasentido, pero tiene sentido. Gracias al diagnóstico precoz, las dos veces, y a las cirugías, superé el cáncer de mama sin quimioterapia, radioterapia y otros tratamientos.

Foto: Revista Claudia

Y esta historia no es sobre la desgracia de que fui fulminada por dos rayos. Es el sentimiento de quien escapa del cáncer gracias a los exámenes preventivos,  y es lo más próximo posible, imagino, de lo que debe sentir quien acaba de ser informado que ganó la loteria. La comparación con la loteria, por cierto, lo hizo mi oncólogo el último día del 2011, cuando me dijo que el carcinoma invasivo retirado  diez días antes de mi seno derecho -tenía poco más de 1mm-  había sido completamente extirpado. Con ese tamaño, y descubierto en un estadio tan precoz, no habría necesidad de tratamiento posterior. Aquel día, a pesar de la sensación física de haber sido atropellada por  un monstruo a causa de la cirugía radical, que luego me permitió reconstruir mis senos con grasa y los músculos del abdomen, la historia tuvo un final feliz.

¿Suerte? Sigo pensando si esa es la palabra. A veces, la distancia entre la suerte y el azar, entre salud y enfermedad, entre la vida y la muerte, esta en la visita al  médico, en el examen que no nos queríamos hacer por pereza, en la atención de un médico o una enfermera que en medio de un diagnóstico aparentemente favorable, exageran en un  detalle pequeñito y deciden investigar. No me habría hecho examen alguno si la secretaria del oncólogo, que me acompañó con rigor los últimos 19 años, no me hubiese llamado insistentemente para recordarme que me esperaban para una consulta anual, que necesitaba pasar por una lista de exámenes y, sobre todo, debía hacerlos  (el año pasado andaba ocupada y había sido medio descuidada, dejando las citas para después...).Yo no hubiera descubierto nada si el mastólogo no me hubiese mandando a repetir la mamografia, a pasar por otro examen de ecografia, y más otro, porque había allí algunos hallazgos medio sospechosos, unas microcalcificaciones. Los primeros resultados no habían mostrado gran cosa, y la sugerencia del informe era esperar algunos meses y repetir los examenes. Pero me mandaron a hacerme una biopsia para completar el cuadro: tenía un carcinoma (cáncer). En unos meses (seis, tres, uno) el tumor había crecido... no sabemos. Lo mínimo, daría mucho más trabajo. Entre la confirmación y el diagnóstico y la cirugía,  pasaron seis días. Y fueron los peores, una especie de limbo donde esa cosa "maligna" domina la idea, aun cuando no sabes bien el tamaño, tipo, localización, grado de agresividad y si el tumor  ya se esparció o no por el resto del cuerpo. La medicina aún no puede pronosticar lo que va a pasar con uno tras ese hallazgo.

Resolví operarme  inmediatamente para no pensar mucho y no dar tiempo a que el miedo llegue. Pasé por mastectomia con reconstrucción doble. Mi seno izquierdo, que fue afectado por el primer cáncer, ya estaba reencauchado y tenía una prótesis. Reconstruí  los dos sin usar siliconas. El resultado quedó muy bueno, mucho más natural que la prótesis. Mi pronóstico hoy es muy semejante al de quien nunca tuvo nada, salvo que tengo la obligación de hacerme  exámenes cada  seis  meses el primer año y anuales a partir del segundo.

¿Fue suerte o acaso fue Dios? Me gusta creer en todo junto. Pero, antes de cualquier cosa, es preciso reconocer que los finales felices en la salud ocurre cuando tienes acceso a exámenes preventivos, cuidados médicos, cirugía y tratamiento en la hora correcta. Y en tener conciencia para cuidarse, que es el primer paso. Toda mujer debe saber que la cáncer de mama, cuando es descubierto e tratado, tiene cura. Todas necesitan tener acceso a un examen, al tratamiento y a las cirugías reparadoras.

La ministra Chagas fue coordinadora de prensa durante la campaña de
la presidenta del Brasil Dilma Roussef. Hoy forma parte de su gabinete.
Tengo orgullo de formar parte del gobierno de la primera presidenta de Brasil, que, como mujer, demuestra gran sensibilidad para cuestiones como esa. Uno de los primeros actos de Dilma Rousseff al asumir, en 2011, fue mandar pasar revista, fiscalizar y desembalar todos los mamógrafos de la red pública de salud del país para que pudieran reforzar el primer pilar del combate de cáncer de mama: la prevención. Al inicio de su gobierno, ella dio el primer paso al crear el Programa Nacional de Prevención, Diagnóstico y Tratamiento del Cáncer de Mama y de Cuello Uterino, y para ello garantizó una inversión de 4.5 billones de reales hasta el 2014.

Después de superar el primer episodio de cáncer y ser considerada curada, intenté buscar respuestas. Un día tomé coraje y abordé a mi médico: “Entonces, ¿yo no voy a morir, no?”, pregunté. “Esa garantía nunca voy a poder darte”, respondió él, añadiendo que, sobre el imponderable de la vida y de la muerte, nadie tiene control. Recordó que, a veces, recibía enfermas terminales con pésimos pronósticos que sobrevivían años; y que había mucha gente joven y aparentemente saludable, que moría de repente, incluso atravesando la calle.

De hecho, no hay certeza de nada, mucho menos de garantizar la vida. En ninguna circunstancia. Pero nosotros, mujeres, gobierno, médicos, medios de comunicación, podemos hacer cada cual nuestra parte para que la palabra cáncer cada vez asuste menos y sea sinónimo de una enfermedad que puede ser diagnosticada precozmente, tratada y curada. Esa es mi verdad". (Tomado de la Revista Claudia).

Senos Libres

No hay comentarios :

Publicar un comentario en la entrada